martes, 3 de julio de 2012

¿Sabes por qué el olfato humano es tan poco agudo?

Un equipo de científicos europeos ha descubierto que el bulbo olfatorio de los humanos -una estructura del cerebro de los vertebrados que procesa los estímulos sensoriales procedentes de la nariz- presenta una característica absolutamente extraordinaria en los humanos. Se distingue del de todos los demás mamíferos en que, después de nacer, en él ya no se desarrollan neuronas nuevas. Este hecho podría ser el motivo de que los humanos carezcan de un sentido del olfato tan agudo como el de los animales. El estudio, publicado en la revista Neuron, fue financiado en parte por el Consejo Europeo de Investigación (CEI) en virtud del Séptimo Programa Marco (7PM) de la UE. El proyecto fue dirigido por el Instituto Karolinska de Suecia y realizado en colaboración entre investigadores de Austria, Francia y Suecia.
En los mamíferos adultos se forman neuronas nuevas en dos regiones del encéfalo: el hipocampo y el bulbo olfatorio. La memoria guarda relación con el hipocampo, mientras que la interpretación de los olores se produce gracias al bulbo olfatorio. Pese a los intentos realizados por conocer más a fondo la formación de nuevas células nerviosas en el encéfalo humano, hasta ahora no se había llegado a ninguna respuesta concluyente.
Ahora los autores de este estudio resolvieron el rompecabezas calculando la edad de las células. Con este fin, midieron la cantidad del isótopo radiactivo carbono-14 contenido en las células. El carbono-14 es un radioisótopo natural del carbono que se encuentra en la materia orgánica y, por tanto, que se incorpora al ADN cada vez que se produce una célula. Su proceso de descomposición sirve como método de datación. Los científicos observaron que las neuronas del bulbo olfatorio de individuos humanos adultos poseían una concentración de carbono-14 que se correspondía con la existente en la atmósfera en el momento de nacer. Por consiguiente, con posterioridad no se producen neuronas nuevas en esta parte del encéfalo, lo que distingue a los humanos del resto de mamíferos.
«Nunca un descubrimiento científico me había dejado tan desconcertado», reconoció el investigador principal Jonas Frisén, profesor de investigación sobre células madre en la Fundación Tobias del Instituto Karolinska, quien contó con una Subvención Avanzada del CEI para llevar a cabo su trabajo. «Lo lógico habría sido que los humanos fuéramos como los demás animales, y sobre todo los simios, en este aspecto. Lo cierto es que los humanos dependen en menor medida de su sentido del olfato para su supervivencia que muchos otros animales, y esto puede guardar relación con la no generación de células nuevas en el bulbo olfatorio, pero no podemos más que elucubrar.»
Antes ya se creía que las neuronas encefálicas dejaban de crearse en el momento de nacer, pero posteriormente se descubrió que en el encéfalo de algunos mamíferos seguían formándose células nerviosas a partir de células madre. En ese punto cambió la teoría sobre la plasticidad del encéfalo y se sugirió la posibilidad de que las células nerviosas perdidas a raíz de diversas enfermedades neurológicas pudieran reemplazarse.
Este estudio también fue posible gracias a fondos de la Fundación Tobias mencionada, del Consejo Sueco de Investigación, la Fundación de Investigación Estratégica de Suecia (SSF), la Fundación Estadounidense de Investigación sobre el Encéfalo y el Comportamiento (NARSAD), el Fondo sobre el Encéfalo de Suecia, la Fundación Knut and Alice Wallenberg, AFA Försäkring y el Consejo del Condado de Estocolmo, a través de su convenio ALF con el Instituto Karolinska.

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