México, DF.- Con su luz plateada, la luna anunciaba el inicio del juego de pelota maya. El viento soplaba ligeramente y la selva guardaba silencio para dar paso al sonido de los tambores. Entonces, los equipos caminan hacia la zona de juego, concentrados y ofreciendo su mayor esfuerzo a los dioses. Este ritual sólo tenía cabida cuando el sol se ocultaba, pues era el momento cuando las fuerzas cósmicas se enfrentaban.Hace más de tres mil años, las civilizaciones mesoamericanas crearon el juego de pelota. Visto como una actividad religiosa y política para los mayas era todo un ritual, por lo que construyeron espacios dedicados especiales en algunas zonas como Ek-Balam y Chichén Itzá, ubicadas en Yucatán.
Ek-Balam
En la zona arqueológica de Ek-Balam, que significa “lucero jaguar o jaguar negro”, el área donde se llevaba a cabo el juego de pelota se localiza en medio de la plaza Norte y la plaza sur, cercana a los edificios religiosos más importantes del sitio, en el antiguo terreno sagrado.
Cuando el juego comenzaba, los integrantes se lanzaban contra la pelota, realizaban pases golpeándola con alguna parte del cuerpo, principalmente cadera o antebrazo, tratando de insertarla en un aro localizado en lo alto de los muros diagonales. El sonido que producía el balón es la razón por la que los mayas le llamaron “pok’ta’pok”.
Antiguamente, este centro ceremonial fue un eje rector de una considerable área, ya que sus sorprendentes edificaciones solo pudieron ser realizadas por un grupo con poder de dominio y riqueza.
Aquí, los visitantes reciben un trato especial, como guerreros y princesas mayas.
Chichén Itzá
El campo dedicado al juego de pelota en Chichén Itzá es el más grande realizado por las ciudades mayas, mide más de 160 metros de largo por 70 de ancho. Aquí, se debatían en el juego los guerreros más fuertes y ágiles.
Las dimensiones de los muros en los que están colocados los anillos de piedra son de ocho metros de altura, por lo que, según arqueólogos deducen que la parte del cuerpo más utilizada por los guerreros era el antebrazo.
Es posible ver las representaciones que explican el juego. Sorprende la imagen de un jugador sin cabeza rodeado de otros que sostienen en sus manos el cráneo y lo elevan, como símbolo de triunfo.
Las interpretaciones que se hacen al respecto difieren mucho, algunos arqueólogos sostienen que era la cabeza del perdedor, otros mencionan que era el jugador más fuerte quien merecía este honor.
Historias muy curiosas envuelven esta práctica, como aquella en la que los perdedores eran sacrificados o que la pelota era un cráneo humano forrado de hule, el cual se hacía combinando el látex que salía del “árbol que llora” y Guamol, una planta maya, con la que se formaba el “Hulli”.
De estas historias no se tienen pruebas seguras, pues sólo están basadas en las interpretaciones que se les han dado a algunas pinturas encontradas en los centros ceremoniales.
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